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Tuesday, March 25, 2008

Cuando la desnudez no tiene que ver con el sexo.

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Introducción:

Saludos a todos los amigos de Latinoamérica.

Este es el primer artículo de este blog en lengua española.
A pesar de ser un blog catalán, y fundamentalmente literario, quiere ser también un blog universal y abierto a todos los temas humanos. Es por ello que su contenido será progresivamente traducido a la lengua inglesa y a la lengua española, por ahora, con la vocación de llegar en el futuro al francés, el portugués, el alemán, el chino, el euskera y el árabe.
Sin más preámbulos os dejo con este artículo sobre la desnudez.


Cuando la desnudez

no tiene que ver con el sexo.


Hay instantes en la vida, en que el tiempo se convierte en presente: presente intenso, presente y nada más; es entonces cuando captamos todo el universo, vivo y encendido, dentro de este presente; es entonces cuando el lenguaje no puede describir el fenómeno; no hay palabras, porque cuando ocurre esto, la conciencia humana experimenta plenitud.

Uno de los múltiples caminos para llegar a la plenitud, es la costumbre de poner el cuerpo desnudo en contacto con los elementos naturales con los que la especie humana ha convivido íntimamente a lo largo de miles de años; el cuerpo desnudo, que para muchos es sinónimo de escándalo, de pecado, de indecencia; el cuerpo desnudo que para otros representa fealdad; el cuerpo desnudo que para demasiadas personas se identifica con pobreza, con miseria, con suciedad...

Ningún vestido fabricado por la mano humana se aproxima a la belleza de un lirio o de una rosa, aunque en su elaboración se hubiera utilizado todo el oro del mundo. No obstante, si se priva a alguien, desde su nacimiento, de la visión de la rosa, cuando en alguna ocasión accidental la contemple, se la mirará con un cierto recelo, examinará sus espinas, no se atreverá a tocar sus pétalos por miedo a una urticaria, y al final, la considerará quizá una flor extraña, oscura, gris, quizá brusca, demasiado salvaje para ser mostrada.

A muchos, hoy, les pasa esto mismo con el cuerpo humano, les conturba su propio ser, consideran su propio cuerpo y el cuerpo de los demás como un enemigo, como un peligro, como una realidad estéticamente indeseable. Son los mismos que llegarían a un bosque virgen y arrancarían todas las plantas que tuvieran espinas, recogerían todas las piedras cortantes, arrancarían las setas venenosas, y al acabar estarían convencidos de haber hecho un gran favor a la belleza del mundo.

El cuerpo, igual que todos los elementos de la naturaleza, es un libro; si lo condenamos a la oscuridad, a parte de marchitarlo, nos estaremos perdiendo el poema que la existencia nos canta a través de él. El cuerpo es una unidad; y cuando está desnudo, todos los sentidos, en él, forman un solo sentido formado por todos, que percibe la armonía de la naturaleza y desata la plenitud.

La recuperación de la desnudez serena, representa la recuperación de la inocencia perdida a causa del afán de tener, de aparentar, de dominar. El niño pierde la inocencia cuando empieza a preocuparse de lo que es suyo y de lo que no es suyo, de lo que tiene y de lo que no tiene; cuando empieza a angustiarse más por lo que muestra que por lo que es. La desnudez en la naturaleza es un pedazo entrañable de infancia recuperada, un trozo de sol que nos despierta por unos instantes de la pesadilla de la civilización consumista y utilitarista, una revolución pacífica y liberadora contra los que consideran al cuerpo humano como un objeto sucio, contra los que pretenden imponer, como norma social, esta visión oscura y psicológicamente enfermiza del propio ser.

La ocultación obligada se convierte en un dedo que señala hacia aquello que se oculta, y que grita a todos los vientos que aquello que se oculta es escandaloso y seductor, feo y deseable, pecaminoso y honorable, y toda una serie de adjetivos contradictorios que se introducen en el subconsciente como una mala semilla y erotizan el cuerpo.

El secreto para el dominio de los instintos sexuales no es la ocultación, sinó el conocimiento. Los que hacen crecer la morbosidad en el cuerpo humano, son los que lo ocultan obsesivamente, no los que aprenden a descubrirlo como fruto de la naturaleza, bello y bueno, sin que necesariamente tenga que poseer una significación erótica. Conocer la verdad y contemplarla sin miedos, nos libera de complejos, de excitaciones incontroladas, de vergüenzas absurdas, de fetichismos sobre el propio ser...

El pecado sólo se encuentra en los ojos de algunas personas que miran y no ven lo que está fuera, sinó lo que ellas mismas llevan dentro; y en su interior se esconden años de represión, de culpabilización de lo que es natural, de condena de una parte de su propia esencia que no tienen asumida. Existen culturas donde las manos, o los ojos de una mujer, se han convertido en objeto de excitación sexual; cuanto más se tapa, más trozo de cuerpo se convierte ineluctablemente en perturbador. Es necesario recuperar para la espiritualidad humana el terreno perdido de la belleza del cuerpo humano, es necesario hacer retroceder al imperio económico de la pornografía, vaciando de sentido morboso la realidad natural del cuerpo. La belleza del cuerpo humano es una metáfora del invisible que lo acompaña, un icono que señala hacia una consciencia infinitamente más bella. Si amamos la rosa que hemos dejado en una estrella, todas las estrellas nos recordarán a nuestra rosa. Todos los cuerpos humanos apuntarán hacia la persona, si somos capaces de reconocer en cada cuerpo un "yo" que merece ser amado.

El nudismo naturista representa una vacuna inmunizadora contra la utilización del cuerpo humano como objeto de consumo liberador de una sexualidad reprimida; viene a ser también la ruptura con la estética impuesta por los medios de comunicación, por las tradiciones, por el obscurantismo del pasado; viene a ser, en definitiva, la recuperación de la estética natural que ha evolucionado en la Tierra desde la noche de los tiempos. El cuerpo humano, en el entorno de la naturaleza, en contraste con el azul del mar y el color pardo de la arena, visto en toda su unidad, desnudo, libre, representa la imagen más bella que puede haber en todo el universo, la más elegante, la más serena; por lo menos en la mente de toda persona que viva en armonía con la naturaleza.

El nudismo nos permite gozar de los elementos con todos los sentidos, con toda la piel; permite llenarse de viento, de mar, de sol, de plenitud; sentirse libre y bello, aceptando humildemente el vestido con el que el universo nos ha adornado; mirar sin miedo a los compañeros, saberse aceptado por ellos tal como se es; tomar consciencia del presente y vivirlo sin ansiar ningún futuro, ni inmediato, ni lejano; educar a nuestros hijos en la libertad, sin miedos, sin fetichismos, sin valoraciones desproporcionadas hacia determinadas partes del cuerpo.

Los que rechazan el nudismo no deberían juzgar como inmoral una filosofía sin conocerla. No deberían poner en el mismo saco, a todo el mundo que se desnuda en una playa; no todos los rincones de costa, ni todos los momentos del día, son representativos de la realidad social y de las motivaciones que mueven a centenares de familias a descubrir la libertad y la plenitud del naturismo. No es correcto condenar a un movimiento sin plantearse sus motivaciones, sin hacer un esfuerzo para entender las inquietudes y las ideas que lo alientan.


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4 comments:

CATARINA POETA said...

Lo mayor placer, seguramente, está en la belleza que tocámos con la alma. Gracías por su visitación.
Catarina Poeta

Iris P. said...

La desnudez del ser humano es realmente bella y podemos apreciarla con verdadero placer estético. Agradezco tu comentario. Seguiré visitándote, y espero que también me hagas el honor con tu vista.

Anonymous said...

excelente tu comentario,ojala publiques mas comentarios como este,no tenemos que avergonzarnos de la belleza de nuestro cuerpo,mas bien disfrutar y vivir plenamente sin reprimirnos

Carlos Martínez Mur said...

No hay nada más bello que un cuerpo desnudo en la naturaleza